lunes, 8 de junio de 2009

Trastienda literaria (Lo viste en las noticias)

Como anuncié, acá viene la faceta de narrador. Subo, por ahora, cinco cuentos. Ahí van:



Lo viste en las noticias

Voy por el fin de semana. Paseo por la Peatonal Sarmiento, recordando viejos tiempos. Compro Ñ. Me siento en la vereda de un café, no en el de la esquina de San Martín sino un poco más allá. Pido un cortado. Oteo el horizonte femenino.

–¡Pablito! –dice alguien, al rato.

Es Lalo, viejo compañero de aventuras. Tiempo, décadas, que no nos vemos.

Se sienta y pide una coca. Hablamos de bueyes y del resto de las cosas que hemos ido perdiendo. En un momento, le recuerdo a Little Nemo, a los primeros años del Expreso y la idea de irnos al Bolsón. Entrecierra los ojos, me mira fijo por un instante y larga un suspiro. Después, por lo bajo, empieza a cantar:

Recoge tus cosas, y largo deaquí, en nombre de Cristo, no quieras seguir, si nadie me acepta, okey ya me iré, estoyes perando, que llegue mi tren... La lalalalá, lalalalá...

Cuando termina, da un sorbo a la coca, se incorpora del respaldo y dice:

–Vos sabés que lo mataba, ¿eh?

–¿A quién? ¿Quién?

Se masajea la frente y cuenta la historia:

–Y fue medio culpa mía. ¿Te acordás de mi viejo, el tano? –Asiento con la cabeza y él sigue–: Era fatal, vos sabés, obsesivo de su laburo, ahí en la Estación, medio... no, no, bruto, directamente; para él, yo tenía que estudiar, nada más; no quería saber nada con el rock ni con el pelo largo. Yo no le encontraba la vuelta. Al principio, no sé si te acordás, ni a los recitales de Altablanca podía ir. Se me ocurrió... en fin. Viste esa canción, Bienvenidos al tren. Le dije que Charly era hijo de un ferroviario, que era una especie de homenaje, qué se yo. Le grabé un cassette con ese y otros temas, y se empezó a interesar. A los días, estaba dale que dale con el cassette, loco estaba. Yo, te imaginás, gloria: recitales, pelito, todo.

Una promotora se acerca a la mesa y deja un folleto de una bebida energizante. Lalo sigue contando:

–Y yo... le fui creando... así como una –junta las yemas de los dedos de las dos manos– relación entre lo ferroviario y el rock nacional, pero, te diría, centrado en Charly. Estaba atento, y cada vez que aparecía algo, se lo grababa, y le hacía el verso, ya era más bien para conformarlo, para seguir con la historia, ¿entendés? Así le conseguí Toma dos Blues, también de Sui, que tiene un tren por ahí. Otro, a ver, dejame que piense...

Unos segundos después, dice:

–Sí –y canta–: Bienvenidos a la ruuta perdedoora... Ése era de La Máquina, claro, y después vino: Se vael tren, se va lejos, cuántos hay en la estación... Ése ya era de Serú. Hasta le conseguí otros trenes, como aquél del flaco, que en realidad había sido el primero. –Con voz finita, canta–: Toma el tren haciael sur. O ése otro del Carpo –ahora engrosa la voz–: El tren... de la hoora dieciséis. El problema empezó cuando privatizaron y lo echaron. Noventa y... dos. Él trabajaba en el Sarmiento, ¿no? Se me vino abajo y, parece mentira, pero así son las cosas, se la pasaba escuchando los cassettes de Charly, eso lo mantenía. Después... después se juntaron dos cosas. El tano lo odiaba a Menem, ¿no?, por lo de las privatizaciones y eso. Cuando supo que Charly era amigo del turco, se le vino el alma al piso. Y claro, se sintió... qué te diría, traicionado, y yo, ¿qué querés?, no podía desengañarlo a esa altura...

Lalo termina la coca, y mirando hacia arriba, como para el edificio de Citibank, sigue contando:

–El tema es que, como es de bueno, puede ser... mala gente. Y justo a Charly, nada menos que a él (ya terminaba el recital ahí en el Malvinas, yo lo había llevado al tano para distraerlo), se le ocurre hacer No voy en tren, voy en avión. ¿Podés imaginarte al tano? A la salida caminábamos. Iba con una cara de orto... Pero te juro que no lo vi venir. A la mañana del otro día, yo estaba todavía en la cama, escucho que dice, voy a matar a un traidor y la puerta de calle que se cierra. Me entra por un oído, viste, cuando uno está medio dormido. Recién al rato me avivo. Como loco me visto. Veo que se ha ido en la bici. Salgo. Busco un taxi. No encuentro. Me largo a correr. Pero son como treinta cuadras, ¿te ubicás?, a la quinta tiro los bofes. ¿Qué hago, qué hago? Vos sabés, yo nunca he sido religioso, no creo, no creía en nada. Pero, ¿qué iba a hacer? Me pongo a rezar...

Baja la vista y me mira a los ojos. Niega con la cabeza y se muerde los labios. Sigue:

–¿Y a quién invoco? –sonríe apenas y se rasca la mejilla– al Gurú Maharaji, qué sé yo, no me preguntés por qué... estaba mezclado con el rock, no sé.

Se detiene, inclina la cabeza a un lado y agranda los ojos:

–Te imaginás... yo haciendo las últimas cuadras, corriendo de nuevo, con el corazón a full, diciendo, Salvalo. Salvalo. Salvalo.

–¿Y?

Lalo resopla.

–Lo salvó, nomás, el Gurú.

Levanta los hombros, agarra el vaso vacío, y después de un instante dice:

–Fue y le puso una pileta abajo. Lo viste en las noticias. Seguro.

4 comentarios:

  1. El código esta bueno, pero lo viste en las noticias es genial. te felicito. CAD

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  2. Comparto la anónima opinión. Sigue escribiendo, A.
    M.T.

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  3. Gracias, en serio... anónimos CAD y AMT.

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  4. Felicitaciones las notas del pié de página ayudan a insertarse mejor en la temática.
    Sigue adelante. Tus esfuerzos e investigaciones son un valioso aporte a nuestra profesión. G.F.S.

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